Bolivia en busca del conocimiento la Mujer Ancestral

El año 2015 estuvo lleno de aprendizaje, en el cambio de estación de invierno a primavera, viaje a Bolivia, llegue a ciudad de La Paz a 4.400 metros de altura sobre el nivel del mar, la PUNA o SOROJCHI se hizo sentir, mi cuerpo se demoro una tarde en adaptarse a la fuerza de la tierra en las alturas del Altiplano Andino,  mi viaje tenia un destino concreto participar de la ceremonia de Pawqarkilla La luna del florecimiento o renacimiento, levantando el rezo por la armonía, agradezco a mis guías y a las bellas con las que compartí esta experiencia única, gracias Samai y mi bella amiga Marle!

Visite: La paz, la calle de las brujas; el Lago Titikaka, La isla de la Luna, La isla del Sol, Copacabana.

Gracias a las aguas del TITIKAKA que me dieron este rezo, que comparto con ustedes:

“Abuelita Mamacocha, de tus aguas ancestrales, despiertan las memorias circulares. Nosotras como farolas, despertamos las memorias, conectando al fluir de nuestra diosa” (MFOE Septiembre 2015)

Agradezco el pulso sanador de la dirección norte que me llevo a sostener la transformación.

Levante el rezo por la unión amorosa del cuerpo físico y por la flexibilidad corporal, emocional y mental, por la salud  humana en armonía.

Así concrete mi decisión de estar al servicio de la diosa, la conciencia circular y matriztica que se evidenciaban en las culturas ancestrales de la Amerikua, que somos los herederos de los conocimientos de la armonía del ser humano con el cosmos.

GRACIAS!

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Mujer el camino de la Salud y Belleza

MaxineNoel-Blessing

La Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en su camino hacia la Autorrealización. Entre los Lakota es conocido como “El Camino de la Belleza” y es un ritual sagrado que dura toda la vida.

1. El camino de la hija.

Este período comprende desde el nacimiento hasta la aparición de la primera regla. Todavía es una niña, física y psíquicamente dependiente, mentalmente receptiva, que absorbe todo tipo de enseñanza, ejemplo o estímulo que se le presenta. Si todas estas influencias exteriores son apropiadas, estructuradas y emocionalmente equilibradas, la niña desarrollará el equilibrio, respeto, dignidad y autoconfianza que luego necesitará como recursos para llevar una vida en armonía con todo lo existente.

2. El camino de la mujer.

Abarca los años en que una mujer desarrolla la autoconfianza, aprendiendo a controlar su vida independiente de los adultos. Aprende a través de la experiencia personal, desarrolla sus propias respuestas emocionales y mentales y elige sus relaciones. Empieza a explorar su sexualidad y a construir su espiritualidad. Son los años en los que empieza a conocerse y, poco a poco, llega a ser una persona responsable y madura (en nuestra sociedad actual este período va desde la adolescencia hasta los 28-32 años).

3. El camino de la madre.

Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a formar parte de la comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo, tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y valores son puestos al servicio de los niños.

Este pasaje, ambivalente como ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenia previstos. Aprende a controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella; alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.

4. El camino de la recogedora y 5. el de la ritualista.

Ambos caminos son tan antiguos como la raza humana. Recoger es una disciplina que requiere respeto antes que nada; desarrolla poderes especiales de observación y discernimiento en el conocimiento de las estaciones, del clima, de la astronomía y de la curación.

Armada únicamente de conocimiento, de intuición y de oraciones, la mujer recolecta gran cantidad de plantas y de sustancias minerales para la cocina, la magia, la higiene y la cosmética. La recogedora tiene que conocer perfectamente dónde y cuando encontrar lo que necesita, la forma más adecuada de conservar, almacenar, preparar las sustancias y utilizarlas en condiciones que resulten eficaces e inocuas.

Una Mujer Medicina nativa nunca aplica el mismo remedio al mismo síntoma físico en distintos pacientes, ya que trata al ser en su totalidad. Para ella “hacer medicina” es conocer al paciente, a su familia, su condición espiritual, mental, física, ambiental y social, y cómo combinar todo esto en el proceso de curación.

La aspirante-chamana es también muy consciente del espíritu que hay tras la planta, roca o cristal usados en el tratamiento, a los cuales hay que dar las gracias por la ayuda que le están aportando. Esta parte del trabajo de una Mujer Medicina se caracteriza por la tensión espiritual, aunque no tan intensa como en su primer parto, sus primeras reglas o su responsabilidad de mujer joven de aprender a respetar a los demás (humanos e inhumanos) y a sí misma.

Una Mujer Medicina que no consigue equilibrio, responsabilidad y ser consciente puede suponer un desastre para toda la comunidad, porque el poder de la mujer es grande, y cuanto más desarrolle la disciplina y la devoción, más aumentará su poder.

Las mujeres que siguen el camino de la recogedora y de la ritualista tienen que ser interiormente seguras, estar profundamente preocupadas por la vida espiritual del planeta y ser capaces de sacrificar su trabajo y su ego por el bien de la comunidad. La ley espiritual básica que la mujer aprende en el camino es que la aspirante a chamana da y da mucho tiempo antes de recoger, aunque sólo sea poco, y todo lo que obtiene de su duro esfuerzo y pruebas personales lo tiene que utilizar en alimentar y fomentar la vida.

6. El camino de la maestra.

Aprendiendo, experimentando, alimentando y trabajando la mujer alcanza la edad en la cual se vuelve transmisora de sabiduría espiritual y social. Es compartiendo con los demás las técnicas, las teorías y las experiencias que ha vivido como llega a ser una maestra.

Entra en la menopausia tan profunda y madura como la fruta, como la flora. Si ha seguido los caminos descritos anteriormente con armonía entrará en el reino de lo sagrado como miembro de la comunidad cósmica, derecho que se ha ganado a través de su trabajo, sacrificio y devoción.

En este momento puede elegir su campo de acción puesto que es una Mujer Medicina, aunque existan otras formas menos obvias de llegar a serlo. Puede elegir la política, el servicio público o cualquier otra profesión; practicará de una forma sana y espiritual todo lo que decida ser. También puede escoger quedarse aislada o ser una abuela, continuando con sus nietos, sus bisnietos o bien otros niños sin hogar ayudándolos a crecer y educándolos.

El modo en que una anciana enfoque su habilidad y su sabiduría depende de la naturaleza del trabajo espiritual hacia el cual ha sido conducida. Gran parte de su enseñanza se transmite a través del ejemplo; ella es un modelo para las mujeres más jóvenes en el camino, y su presencia y esencia revitalizan y enriquecen la vida de su comunidad entera.

7. El camino de la sabia.

Alcanzada la vejez, la chamana entra en el período de la maestría, habiendo desarrollado una verdadera sabiduría. El sentido del equilibrio que caracteriza al universo es ahora parte profunda de ella, así como el sentido del humor. Está en contacto directo con hechos naturales y sobrenaturales, siendo capaz de aceptar sus directrices. La esfera de su trabajo ha trascendido su ser personal y privado, su familia; su comunidad se extiende ahora hacia las estrellas. Es un ser sagrado: es completa.

Los siete caminos proporcionan a la mujer la fuerza, la disciplina y la profunda conexión que necesita para canalizar el poder espiritual sin causar daño a sí misma ni a los demás. Le ayudan a desarrollar humildad, orden, respeto dignidad y el sentido de cuidar a toda criatura, dándole una profunda comprensión de sí misma en los aspectos interiores y exteriores.

Existen otras formas de autorrealización, pero este bellísimo ritual nos recuerda que no hay que quemar etapas sino vivir con entrega y aceptación todas las experiencias que nos llegan, sean aparentemente buenas o malas, porque es lo que nos toca vivir, y probablemente es lo mejor que nos puede pasar. A menudo las grandes enseñanzas las encontramos en la pequeñas dificultades diarias, por esto el “camino de la madre” es la etapa más difícil en la vida de una mujer; es el sacrificio del ego y el aprendizaje del amor no egoísta, requisitos esenciales para el desarrollo de una conciencia espiritual y cósmica.

Estos siete caminos son los de toda mujer que quiere incrementar su poder espiritual a través de toda una vida, recordando que cada prueba o dificultad que vamos superando es un paso más que vamos dando en nuestro viaje hacia la totalidad.

Extracto de Clara Castelloti del Libro “Madre Tierra, Hermana Luna”.
Arte: Maxine Noel.

Fuente: taodanza.com

Mujer Sabia-Brujas en la Edad Media

Mujer Sabia-Brujas en la Edad Media

Sabían de anatomía, botánica, sexualidad, amor y reproducción, por lo que fueron mandadas a la hoguera, dice la filósofa de la UNAM. Sus recetas para curar fueron interpretadas como poder del Diablo. El modelo muy masculino, que se consolidaba para entonces, las hizo ver como amenaza.

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Las brujas no eran personas malas y feas, como las ha descrito la literatura universal, sino mujeres generadoras de un conocimiento específico. En el medievo, cuando predominaba un modelo social masculino, el saber de las brujas fue considerado amenazante, por lo que fue perseguido y destruido junto con ellas en las hogueras.

En el libro El retorno de las brujas, la filósofa Norma Blázquez Graf, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), especialista en ciencia y género, explica que, aunque la población femenina no tuvo acceso a la educación superior hasta el periodo transitorio del siglo XIX al XX, siempre ha generado conocimiento. Pone de ejemplo el saber de las brujas en la Europa de los siglos XIV al XVII y lo aterriza en un mundo contemporáneo, en el que la progresiva incorporación de las mujeres a la ciencia ha modificado las estructuras de las instituciones y el proceso creativo del conocimiento. En entrevista con La Jornada, la especialista aborda el contenido de su libro y subraya la contribución de la mirada crítica e innovadora de las mujeres al quehacer científico.

Parteras, alquimistas…

–¿Quiénes eran las brujas?

–Eran parteras, alquimistas, perfumistas, nodrizas o cocineras que tenían conocimiento en campos como la anatomía, la botánica, la sexualidad, el amor o la reproducción, y que prestaban un importante servicio a la comunidad. Conocían mucho de plantas, animales y minerales, y creaban recetas para curar, lo cual fue interpretado por los grupos dominantes del medievo como un poder del Diablo.

–¿Por ese motivo fueron perseguidas y condenadas a muerte?

–Sí, pero además porque las elites eclesiásticas, políticas y económicas, que se consolidaban en aquellos tiempos, comenzaron a desarrollar un modelo social muy masculino y consideraban que el saber que las mujeres tenían, especialmente en sexualidad y reproducción, representaba una amenaza. Las brujas comenzaron a almacenar conocimiento muy importante sobre el control de la reproducción y sabían preparar diversos abortivos. Este conocimiento implicaba la posibilidad de ejercer una sexualidad más libre, lo cual ponía en riesgo la hegemonía masculina y, por ello, los hombres expropiaron su conocimiento y las aniquilaron en las hogueras. Asimismo, la mayoría de estas mujeres vivían solas, en casas en el bosque, independientes, generaban sus propios ingresos y esto provocaba mucha desconfianza.

–¿Es cierto que eran viejas y feas?

–Eso es parte del mito y de los prejuicios de aquel entonces. Había brujas bellísimas y, por otro lado, en esa época una mujer de 40 o 50 años ya era considerada vieja. Por lo tanto, esos estereotipos responden más a que eran transgresoras y no a que realmente fueran viejas y feas.

–¿Resultaría muy aventurado afirmar que las brujas fueron las primeras mujeres científicas?

–Sí, porque las mujeres han generado conocimiento desde hace mucho tiempo y porque, además, no se puede considerar científico un conocimiento hasta la institucionalización de la ciencia en el siglo XIX, cuando ya se empezó a enseñar en las universidades. Sin embargo, en ese momento las mujeres no tenían permitido estudiar en las universidades y continuaban con la tradición de ilustrarse en los conventos, en los salones de té o en sus hogares, con el padre o el esposo. Luego, de manera gradual, la mujer se fue incorporando a la educación media y superior en áreas como enseñanza, enfermería o farmacéutica. Hasta llegar a la década de los 90 del siglo pasado, en que 50 por ciento de los universitarios ya eran mujeres.

Reacomodo en el siglo XXI

–¿En qué cambia la ciencia con la incorporación de las mujeres?

–Primero cambia en número; hoy 30 por ciento de los estudiantes de ciencias son mujeres. Por eso el “retorno de las brujas”, pues todas esas mujeres que aniquilaron en la Edad Media, que conocían del aborto, de la fertilidad o de la sexualidad, se reacomodaron en el siglo XXI y hoy ocupan espacios importantes, sobre todo en las ciencias naturales y en la salud. Segundo, cambian los espacios institucionales porque antes en las universidades no había ni baños para mujeres: ahora hay presupuestos y becas para proyectos de ellas; los límites de edad para becas se han tenido que extender al tener en cuenta al ciclo reproductivo de la mujer, y se han tenido que abrir guarderías.

“Tercero, las mujeres se hicieron nuevas preguntas y rompieron con el parámetro científico masculino, en el que todo aquello que no se adaptara a dicho modelo era carente o inferior. Por ello, durante mucho tiempo se pensó que las mujeres no tenían interés por la ciencia que eran menos inteligentes o que no tenían capacidad para razonar. Con su integración a la ciencia, se ha debido tomar en cuenta la otra parte de la humanidad, lo que significó una modificaron en los puntos de partida, las metodologías, la interpretación de los resultados y las teorías para la comprensión de la realidad.

Perpectiva de género crítica

–En su libro, desde una perspectiva de género crítica, afirma que el conocimiento científico no es siempre objetivo, neutro y universal.¿A qué obedece tal aseveración?

–Quien genera el conocimiento es una persona que tiene estereotipos y prejuicios y, por lo tanto, sus preguntas e interpretaciones científicas dependen de su género, así como de su contexto social, histórico, cultural y político.

–¿Qué lugar ocupa la intuición femenina en la generación de conocimiento de las mujeres?

–Para el conocimiento científico eso no cuenta, pero las epistemólogas feministas dicen que hay que incorporar la intuición porque sí cuenta, sobre todo en las ciencias sociales, en las que el objeto de estudio no son cuestiones materiales, sino personas.

Mariana Norandi

Fuente:vademedium.wordpress.com

Salud Sagrada – La sangre Femenina

Salud Sagrada – La sangre Femenina

“¿Qué son los misterios de la sangre? ¿Por qué son tan importantes para entender la Tradición de la Mujer Sabia?

Los misterios de la sangre nos enseñan que la sangre menstrual y la sangre del parto son sangres sagradas, sangres de poder, sangres curativas. Los misterios de la sangre nos enseñan a recordar que la vida y la curación vienen de una mujer y vuelven a ella, a la mujer que sangra y sangra. Y no muere.

Los misterios de la sangre revelan que la sangre menstrual (en tiempo lunar) y la del parto son tan sagradas, tan llenas de potencial, de vacío, que se pueden usar, no sólo para curar, sino para nutrir. La sangre de la mujer sagrada es sangre nutritiva, sangre de amor, de abundancia, sangre que cura la tierra.
Los misterios de la sangre recuerdan el inmenso poder de la mujer que sangra. Un poder suficiente para compartir de madre a madre, de nutriente a nutriente.

Cuando sangramos en la tierra (en la fantasía o en la realidad) nuestro poder nos arraiga a la vez que fluye nuestra sangre a través de la chakra de raíz en la tierra.

Al sangrar en la tierra, sangrar libremente, nos conocemos como mujeres, como nutrientes de la vida, como quienes dan alimento a las plantas, un alimento sagrado: nuestra sangre de luna.
Soy mujer que da alimento para asegurar la vida en la tierra. Con el poder de mi sangre lunar, mi sangre, el poder de mi parto, mi sangre, alimento a la tierra, que nos alimenta a todos. Cada mes recuerdo: Soy mujer. Soy tierra. Soy vida. Soy alimento. Soy cambio.
Soy mujer, que mira sus cambios de frente: visiones lunares hormonales armónicas y agitadas, oráculos de ovulación, locuras premenstruales, orgasmos de complicidad, éxtasis de partos, bendiciones de lactancia, emociones de menopausia.

Soy un todo. Soy mujer. Conozco la vida, la muerte, el dolor, y la salud de mi médula, de mi vientre. Conozco los lugares sangrientos: el espacio estrecho entre la vida y la muerte, el espacio sangriento del nacimiento, el desorden de la vida nutriente, el flujo de sangre al dejar pasar la vida. Soy mujer. La sangre es mi poder. Un poder de paz. Sangre de paz.

Mi sangre es alimento sagrado. Mi sangre nutre al feto que crece. Mi sangre se vuelve leche para alimentar a mi hijo. Mi sangre fluye en la tierra como alimento sagrado para la gran Madre, Gaia, Madre Tierra. Gaia, la de formas sangrientas. Mujer, la de formas sangrientas. Sangre de alimento. Pero sangrienta. Sangre menstrual sangrienta, sangre de parto sangrienta. Sangre de paz, sangre de alimento. Sangre de salud/plenitud/sacralidad, no de sacrificio. La Tradición de la Mujer sabia es una mujer de manos ensangrentadas, de muslos ensangrentados, una mujer que da a luz, que ve el otro lado de las cosas.

La salud/plenitud/sacralidad está siempre cambiando. La vida es misteriosa, se mueve en espirales de cambio. Las espirales se mueven hacia, a través de y desde el vacío. Cambian creando un agujero para que podamos ver el sagrado regalo de salud de nuestra totalidad.

“Siéntate aquí, hermana, en el suave césped verde, y da tu sagrada sangre de luna a la tierra, de vuelta a la espiral de la vida. Deja fluir la sangre roja de tu vientre en el verde y marrón de la tierra. Siéntate aquí. Relájate, cierra los ojos y recibe las visiones. Descansa ahora y da tu sangre lunar como alimento a las madres que nos alimentan. Relájate y recibe las visiones”.
El tiempo de la menstruación, según la Tradición de la Mujer Sabia, es un tiempo de visiones. Cualquier mujer que preste atención a estas visiones encontrará el poder de los chamanes, los curanderos, las mujeres de medicina.

La Tradición de la Mujer Sabia entiende la curación como un misterio de sangre. Sangre de vida y muerte, sangre de nutrición, son el conocimiento natural de la mujer, las cosas que nos hacen sabias. – Susun Weed.

Traducción de Carmen Valenzuela-Cervantes
Arte Activismo Menstrual

Fuente: facebook/yosoygaia

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