Trucos prácticos para comer sano en la oficina

La lista de la compra, la organización y el ahorro de tiempo y dinero son la base para elaborar un menú diario saludable.

Una joven, haciendo una pausa para el café en el trabajo.

Comer en la oficina es cada vez más frecuente. Por un lado, porque supone un ahorro de tiempo y dinero, pues además de gastar menos, también suele hacerse para optimizar la hora de la comida y salir lo antes posible del trabajo. Y por otro, porque resulta una opción más saludable que salir a diario a comer a un restaurante.

La mejor forma de asegurarse comer bien en la oficina, según explica la Doctora Isabel Belaustegui, experta en nutrición, es llevar comida de casa, que puede ser una ensalada fresca preparada esa misma mañana o parte de la cena de la víspera a base de verdura cocinada (guisada, al vapor, salteada) y una fuente de proteína de fácil digestión (carne de ave, pescado o huevo). Una idea práctica es contar con una ración más al preparar la cena, que será el almuerzo del día siguiente.

La base es la organización

Una vez que volvemos a la rutina es habitual sentirnos sobrecargadas de tareas y de responsabilidades, pues en no pocas ocasiones hay que lidiar con la falta de tiempo, tanto en el ámbito laboral como en el familiar. Por eso la doctora Belaustegui propone una serie de puntos básicos para organizarse bien:

  • Reservar un día para programar las comidas de la semana y las compras necesarias.
  • Cocinar con antelación y congelar.
  • Dejar ya listos en recipientes herméticos arroz u otro cereal cocido, legumbre guisada, verduras variadas cocidas, e ir utilizándolos a lo largo de la semana para preparar las comidas correspondientes. Esto le ahorrará mucho tiempo al día pues sólo tendrá que ocuparse de mezclar los ingredientes necesarios y preparar en el momento el producto fresco: un pescado al horno, una tortilla, una pechuga de pollo o de pavo a la plancha, etc. Además evitará caer en la tentación de alimentarse con productos de poca calidad.

Otro recurso práctico que propone la doctora Belaustegui para comer de forma saluadable en la oficina es llevar tentempiés para media mañana y media tarde pues, tal como explica la doctora, si pasan muchas horas entre cada comida, el organismo sufrirá un estrés añadido. Los frutos secos pelados (nueces, almendras, avellanas, etc), la fruta fresca o deshidratada (ciruelas pasas, dátiles, higos pasos, orejones, etc.) o un pedazo de bizcocho integral casero son excelentes aliados: aportan energía, vitaminas y minerales, necesarios para rendir al máximo.

Con ese hábito además evitamos los ‘tres blancos’: las harinas refinadas, las grasas trans y el azúcar, muy habituales en refrescos, bollería industrial y snacks industriales. “Son los alimentos que más promueven la inflamación, que es la base de numerosas enfermedades hoy en día -incluido el cáncer-, el envejecimiento y el desequilibrio hormonal. ¡Por no hablar del sobrepeso y la obesidad!”, destaca la experta.

No podemos olvidar la hidratación, fundamental en la dieta. Es frecuente que las prisas o la atención a otras tareas nos distraigan de la necesidad de beber y pasemos horas sin hidratarnos. Esto es especialmente importante cuando pasamos mucho tiempo en edificios cerrados y con ventilación artificial o durante los viajes, sobre todo en avión. ¿Lo ideal? Agua de manantial de mineralización débil, en recipientes de vidrio, a temperatura ambiente y bebida a pequeños sorbitos.

¿Y si no da tiempo a prepararla en casa?

Si la empresa cuenta con un comedor saludable, esto nos ayudará a seguir cuidando la dieta en la oficina. En este caso, la doctora explica que lo ideal será elegir una ensalada completa (hortalizas, semillas o frutos secos) y alguna fuente de proteína (carne, pescado, huevo) o un plato de legumbre combinada con verdura y cereal (lentejas con arroz, ensalada de garbanzos con espinacas frescas y quinoa, alubias en vinagreta).

Conviene evitar las comidas a base de harinas, como bocadillos o pasta, y las combinaciones de difícil digestión (carne y pescado, pasta con carne y platos a base de gran cantidad y variedad de alimentos) para poder seguir trabajando a pleno rendimiento. De lo contrario, aparecen con más intensidad la somnolencia y la falta de concentración.

Fuente mujerhoy.com

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Nueve trucos para perder peso que tienen el visto bueno de la ciencia

No es necesario que vayas al gimnasio para perder peso. Con adquirir ciertos cambios en tu estilo de vida ya es un gran paso.

Paellera llena de fruta.

Solemos asociar la pérdida de peso con hacer ejercicio, ir al gym… Lo cierto es que comer sano y evitar ciertas comidas te puede ayudar a perder algunos kilos.

  1. Corta con los refrescos azucarados. Ya te lo han dicho hasta el cansancio, pero aquí va una vez más: evitar las bebidas azucaradas es el único modo de dejar de ingresar calorías vacías que no te dejen con sensación de saciedad y te harán sentir hambre otra vez en pocas horas. por otra parte, el azúcar actúa especialmente bien sobre el hígado para producir grasa abdominal.
  2. No te concentres en contar calorías. Lo mejor es prestar atención a la calidad de la comida. El conteo de calorías es un ente inestable y caprichoso que depende demasiado de las hormonas y el metabolismo para que sea una categoría fiable.
  3. Vuelve a los básicos. El mensaje es simple: Una dieta saludable y un nivel de actividad física de moderado a fuerte. El reto es cómo conseguirlo en un sistema organizado para hacer justo lo contrario.
  4. Se realista y ajusta tus objetivos de peso. Para motivarse y mejorar la salud hay que alcanzar una cifra que muchos nutricionistas llaman “el peso de la felicidad”, algo entre el ideal poco realista y tu peso actual. Una pérdida de eso que se pueda conseguir en la realidad.
  5. Comprométete con el cambio. Necesitas mentalizarte para conseguir cambios de estilo de vida a largo plazo, quizás permanentes. Hay muchas dietas y tratamientos que consiguen una pérdida de peso a corto plazo sin un gran esfuerzo pero no consiguen mantener por mucho tiempo el nuevo peso. Hay que comprometerse con esa nueva persona que eres tú con varios kilos menos.
  6. Come bien, comida que disfrutes y que esté buena. Necesitas una dieta que no te deje hambrienta y que te apetezca comer porque está deliciosa. Es la única manera de mantener el régimen durante mucho tiempo. El hambre erosiona a la fuerza de voluntad, y aquí se trata de una carrera contra el tiempo, así que es mejor ser menos estricta y más realista y no castigarte demasiado con la comida.
  7. Busca apoyo. Rodéate de gente que crea en ti y que no boicotee tus buenos propósitos con burlas o con grandes cenas que te pongan en una situación comprometida. Gente positiva que te ayude con tus objetivos de perder peso.
  8. Edúcate y lee (a buenas fuentes) de nutrición. Si aprendes no importa cuán tóxico sea tu entorno, o lo mal que coman tus amigos. Hasta que ellos cambien tu serás capaz de hacer tus propias elecciones nutricionales y mantenerte alejada de los dulces, los refrescos y todas las calorías vacías.
  9. Controla las porciones. En realidad puedes comer casi lo que quieras siempre que no zampes demasiado. Por ejemplo, en la cena come en un plato pequeño y comerás la mitad que si lo haces en una plato más grande.

Tus decisiones hacen la diferencia. Hoy tú eliges crecer y potenciar el crecimiento de otros. En tus manos está el camino de la vida.

Despertar tu propósito, sólo depende de ti.

¿Aceptas?